MARIA PAULA & SERGIO

Este matrimonio fue todo un reto.

Llegamos apenas cinco meses antes, después de que María Paula y Sergio hubieran tocado varias puertas sin encontrar a alguien que realmente entendiera lo que soñaban. Y entonces llegaron a Manual de Antonieta.

Los recibimos con todo el amor, toda la energía y, sobre todo, con la convicción de que sí podíamos hacerlo realidad.

Porque a veces no se trata de tener meses y meses para planear una boda. Se trata de tener claridad, escuchar muy bien a quienes tienes enfrente y encontrar la manera de convertir sus sueños en una celebración que se sienta absolutamente de ellos.

Y esta tenía un ingrediente muy especial: Ibagué. María Paula es de allí, así que llevar la celebración a su ciudad era, de alguna manera, llevar también una parte de su historia.

La ceremonia fue en la Catedral de Ibagué, un lugar icónico de la ciudad.

No necesitábamos demasiado. Un poco de verde con blanco y mucha intención fueron suficientes para acompañar un espacio que ya tenía toda la fuerza que necesitábamos.

Aunque, para decir la verdad, había algo que hacía que cualquier decoración pasara a segundo plano: los novios se veían churrisimos.

Sergio llegó acompañado por una corte muy especial: sus papás, sus padrinos y sus hermanos.

Y después llegaron ellos: los pajecitos. Los sobrinos de Sergio, que adoraban a su tío y que se robaron más de una mirada durante la ceremonia.


Y entonces apareció María Paula.

Su entrada fue arrolladora. La belleza de ella era simplemente magnífica. Y ese vestido… absolutamente divino.

Fue uno de esos momentos en los que uno entiende que no hace falta agregar demasiado cuando la protagonista ya lo dice todo.

Al terminar la ceremonia, los invitados subieron a los transportes que los llevarían al lugar de la recepción. Pero antes de arrancar, les entregamos dos pequeños detalles para el camino: una bolsita de achiras y una botella de agua para refrescarse.

Porque también creemos que una boda se construye en esos pequeños gestos.

Al llegar, un bar los estaba esperando. La barra ofrecía deliciosos tintos de verano y cada invitado podía elegir el tipo de vino y los toppings que quería incorporar.

Pero había otra sorpresa: una nevera llena de helados. No cualquier helado.

Elegimos algunos de los sabores más típicos y, especialmente, aquellos que María Paula recordaba de su infancia. Y ver a los invitados volver, por un instante, a esos sabores que traen recuerdos fue maravilloso.

 

Entrar al salón era como mirar hacia arriba y encontrarse con un pequeño cielo. El techo estaba lleno de luces que creaban esa sensación de estar debajo de un firmamento.

Y después estaban las flores. Las buscamos cuidadosamente porque queríamos que fueran protagonistas de una manera diferente.

No queríamos hacer los típicos arreglos florales. queríamos que cada flor tuviera su propio espacio. Por eso diseñamos unas bases en las que pudieran respirar y, sobre todo, en las que se pudiera apreciar su belleza completa.

No solamente la flor, también el tallo. Porque para nosotros cada flor tiene una historia, una forma, una textura y una belleza que merece ser mirada de cerca.

La comida estuvo a cargo de un chef muy reconocido en Ibagué, quien preparó verdaderas delicias.

Pero había un momento que todos esperaban con especial curiosidad: el postre.

Y aquí había una razón muy importante: los postres estaban a cargo de la mamá de María Paula, una reconocida y muy querida pastelera de Ibagué.

Así que no podíamos simplemente poner los postres en una mesa, tenían que tener protagonismo.

Creamos una especie de pastelería flotante utilizando cilindros de diferentes tamaños y formas. Los invitados podían caminar entre los postres, descubrirlos y elegir el sabor que querían. Fue un momento precioso.

Un pequeño universo dulce dentro de la celebración y, al mismo tiempo, una manera de hacerle un homenaje a la historia familiar de María Paula.

La fiesta comenzó con María Paula y su papá, con su primer baile que lleno de emoción. De esos momentos en los que el amor de un papá se siente en el aire.

Y después llegó la canción de María Paula y Sergio, Wow.

Había demasiado sentimiento, era una mezcla de amor, emoción y esa felicidad que cuesta explicar cuando finalmente estás viviendo algo que esperaste durante tanto tiempo.

Y entonces llegó Venturi, la energía explotó.

Los invitados llenaron la pista y, en cuestión de segundos, dejaron de existir los grupos, las mesas y las formalidades, todos se convirtieron en una sola fiesta, un solo grupo bailando y disfrutando.

Aquí viene uno de mis detalles favoritos, porque ellos se llaman: Pájaros.

Y claro… ¿cómo no íbamos a apropiarnos de eso?

Queríamos que la celebración tuviera un sello propio, algo que hablara de ellos y que no pudiera repetirse en otro matrimonio.

Así que mandamos a hacer unas alas majestuosas y absolutamente divinas para María Paula, las acompañamos con un tocado de plumas.

Y para Sergio, un antifaz, pero aquí viene lo mejor: María Paula también se puso manos a la obra y ella misma hizo las alas de Sergio.

Y ahí sí… ¡Esto fue la locura!

La hora loca dejó de ser simplemente una hora loca, se convirtió en ellos, en su historia, en su nombre. En un símbolo que hicimos parte de la fiesta para que, incluso en medio de la rumba, todo siguiera hablando de quiénes eran.

La fiesta duró hasta las cuatro de la mañana. Hasta que, finalmente, escuchamos a los pajaritos y entendimos que era hora de despedirnos.

Hay matrimonios que uno recuerda por la decoración, otros por la fiesta, otros por una fotografía; y hay algunos que se quedan en el corazón por muchas razones.

Este es uno de ellos.

Por la oportunidad que María Paula y Sergio nos dieron de acompañarlos.

Por confiar en Manual de Antonieta después de haber tocado otras puertas.

Por permitirnos crear con ellos.

Pero, sobre todo, por el amor que nos regalaron sus dos familias, fueron hermosos, agradecidos, honestos y profundamente generosos con nosotros.

María Paula y Sergio, gracias por confiar cuando todavía había muchas cosas por resolver.

Gracias por dejarnos hacer de su boda algo tan suyo.

Gracias por enseñarnos que cuando una celebración tiene identidad, hasta las alas tienen sentido.

Y gracias por quedarse, de alguna manera, volando también en nuestro corazón.

 

Fernanda nova