ISABEL & JAIME

Hay parejas que se recuerdan por un detalle, por una celebración, por una imagen que permanece en la memoria. Isabel y Jaime son, para mí, una de esas parejas.

Los recuerdo especialmente porque, cada cierto tiempo, Emiliano (mi hijo) dice con orgullo que él también ha trabajado en Manual de Antonieta. Y sí, de alguna manera es cierto. Emiliano estuvo presente en la visita de campo en la que comenzamos a definir cómo sería esta celebración. Ese día, además, se hizo gran amigo de Jaime. Los recuerdo jugando juntos alrededor de la mesa, compartiendo un Mario Bros, mientras nosotros hablábamos de flores, espacios y detalles.

El lugar elegido fue Segundo, un restaurante precioso y de comida deliciosa, cuyo ambiente resultaba absolutamente perfecto para ellos. No necesitábamos mucho para conseguir que todo se viera especial; el lugar tenía por sí mismo esa belleza natural que nos permitía trabajar desde la sencillez.

no se puede dejar de contar lo bellisima que se vea Isabel, adicional que llego tan feliz que lleno el ambiente de una energía espectacular-

Isabel y Jaime aman la naturaleza, el verde y, especialmente, los animales. Así que quisimos llevar un poco de ese universo a su celebración, de una manera delicada y muy nuestra.

Todo sucedió en el restaurante. La ceremonia fue especialmente emotiva: los padres de ambos fueron quienes la dirigieron y dedicaron a sus hijos unas palabras bellísimas, llenas de cariño y significado. A ellas se sumaron los votos que Isabel y Jaime se hicieron entre sí, probablemente uno de los momentos más sentidos de la tarde.

En las mesas quisimos mantener la misma filosofía: naturaleza, sencillez y elegancia. Jugamos con pequeños puntilleros llenos de verdes y los acompañamos con anturios en tonos Vinotinto, que aportaron ese toque de color que completaba la propuesta.

No queríamos invadir las mesas. Era importante que los invitados pudieran disfrutar cómodamente de una comida que prometía ser protagonista también de la celebración.

Sobre cada puesto había, además, un detalle muy especial: pequeñas pinturas de animales, realizadas por una artista, absolutamente divinas. Cada una llevaba una nota pensada para ese invitado y, como regalo, un imán de madera en forma de colibrí, un ave tan nuestra, tan colombiana y tan icónica, que se convirtió en el recuerdo perfecto de aquella tarde.

Y así transcurrió la celebración: entre buena comida, brindis, fotografías, conversaciones y amigos. Una tarde para disfrutar sin prisa, para compartir y, sobre todo, para celebrar el amor de Isa y Jaime.

Una tarde llena de color y de calor.
Llena de sabor, de naturaleza y de pequeños detalles.
Una tarde, sencillamente, llena de mucho amor.

Fernanda nova