LIZ & NICOLAS

Hay matrimonios que comienzan mucho antes de llegar al lugar de celebración. Este fue uno de ellos.

Liz y Nicolás viven en Nueva York, así que gran parte de este matrimonio lo fuimos construyendo a la distancia: conversaciones, decisiones, referencias, detalles y muchas horas de trabajo para conseguir que, a pesar de los kilómetros, todo terminara sintiéndose exactamente como ellos lo habían imaginado.

Pero había un reto adicional.

Liz es diseñadora y trabaja junto a una de las diseñadoras más reconocidas del mundo. Es quien está detrás de la organización de sus pasarelas en diferentes lugares del mundo, así que su mirada sobre el diseño está profundamente desarrollada. Ella no solo sabe de estética; tiene la capacidad de observar un espacio y entender inmediatamente cómo debería sentirse.

Por eso, sorprenderla era un reto que asumimos con muchísimo entusiasmo.

El lugar elegido fue Hacienda Haras Primavera, una hacienda hermosa y, además, muy especial para nosotros. Es de esos lugares donde el equipo que trabaja allí se siente bien recibido y donde los clientes también reciben un trato cercano y especial. Un escenario perfecto para comenzar a construir esta historia.

La ceremonia se realizó en uno de los salones de la hacienda. Diseñamos un camino de verdes y troncos que conducía hasta el altar, donde una gran pared de follaje hacía parecer que la naturaleza se había apropiado de una parte del salón.

Las sillas clásicas de la hacienda completaban la escena. Todo se sentía natural, elegante y muy cuidado.

Y entonces llegó Liz, absolutamente linda.

Llevaba un vestido de una de las pasarelas de la diseñadora con la que trabaja y, apenas la vimos, entendimos que no podía ser otro. El corsé, los zapatos, la silueta, cada elemento hablaba de su personalidad y de su manera de entender la moda.

Liz era, sencillamente, una fantasía.

La ceremonia fue simbólica y muy emotiva. Cada uno fue llenando la mochila del otro como una manera de representar aquello que significa caminar juntos: llevarse mutuamente lo bueno, pero también aquello que no siempre resulta fácil. Una metáfora preciosa sobre acompañarse en la vida, con todo lo que ella trae consigo.

Después nos trasladamos al cóctel, que tuvo lugar en un espacio maravilloso entre los árboles y la fachada de la hacienda.

Las luces abrazaban los árboles y las lámparas tejidas aportaban calidez al espacio. Y para completar la experiencia, Casa Bistró creó unos cócteles deliciosos a base de viche y frutas muy colombianas.

Era especialmente importante que este momento tuviera ese sabor local, porque solo cerca del 10 % de los invitados eran colombianos. La gran mayoría venía de diferentes lugares del mundo, así que queríamos que Colombia también pudiera sentirse y disfrutarse a través de los sabores.

La recepción tuvo lugar dentro de una gran carpa.

La entrada estaba enmarcada por cadenas de claveles y, sobre la pista de baile, el techo repetía este lenguaje floral acompañado de verdes. El resultado era absolutamente divino: un espacio que se sentía elegante, exuberante y, al mismo tiempo, muy orgánico.

Y después estaban las mesas.

Una combinación de frutas y flores, algunas dispuestas en puntilleros para generar la sensación de que flotaban sobre ellas. Había algo casi escultórico en cada composición.

Realmente, ver las fotografías de este matrimonio es especial. Las mesas hablaban por sí solas.

Después del primer baile comenzó una rumba increíble. Muy a su estilo: bailar, cantar, disfrutar entre ellos y dejar que la noche simplemente sucediera.

Y, en medio de la fiesta, llegó otra transformación.

Liz apareció con su vestido renovado: se había retirado la parte inferior y la silueta adquirió todavía más carácter. Era como si el vestido también hubiera entendido que la noche apenas comenzaba.

Para la hora loca quisimos llevar la energía un paso más allá, así que invitamos a un grupo de bailarines de salsa. Lo que comenzó como un espectáculo terminó convirtiéndose en una experiencia para todos. Los bailarines enseñaron algunos pasos, invitaron a los invitados a participar y hasta terminamos haciendo un concurso de baile.

Y todo fue sucediendo.

Recuerdo que, durante la planeación, yo tenía esa preocupación que muchas veces aparece en nuestro trabajo: ¿será realmente lo que ellos esperan? ¿Lo van a disfrutar?

Pero la respuesta estaba ahí, frente a nosotros.

La energía subió, la adrenalina se apoderó de la pista y Liz y Nicolás lo disfrutaron como nadie.

La fiesta se extendió hasta la madrugada.

Todos terminaron felices. Y nosotros, quizás, un poco más que todos.

Porque después de tantos kilómetros, tantas conversaciones a distancia y tantos detalles cuidadosamente pensados, habíamos logrado algo que para nosotros siempre es el verdadero objetivo: que Liz y Nicolás sintieran que su matrimonio no solo había sido hermoso, sino profundamente suyo.

Y eso, al final, es hacer realidad un sueño.

Fernanda nova