MARIA CAMILA & DANIEL

Esta es una de esas celebraciones que recordamos con especial cariño porque, como ha sucedido con varias de nuestras parejas, ellos tenían algo muy claro desde el principio: no querían un matrimonio convencional.

Tampoco querían gastar una millonada para celebrar su amor. Querían algo diferente, especial, con mucho estilo, pero que tuviera sentido para ellos.

Y llegaron donde nosotros porque, precisamente, nos encantan esos retos.

Comenzamos entonces la búsqueda del lugar. Desde el principio insistí en que fuera un restaurante; así podíamos evitar costos adicionales de mobiliario y aprovechar un espacio que ya tuviera personalidad propia. Recorrimos varios hasta encontrar el indicado.

Aunque, curiosamente, quizás ya lo había encontrado mucho antes sin saberlo. Meses atrás, durante una visita de campo cerca de la zona, había invitado a parte de mi equipo a almorzar a ese restaurante. Mientras estábamos allí les dije: “Este lugar está perfecto para un matrimonio”.

Lo declaré sin saberlo. Sin imaginar que, meses después, María Camila y Daniel llegarían precisamente a ese lugar para celebrar el suyo.

La ceremonia se llevó a cabo en Santa María de los Ángeles, una pequeña capilla alejada del restaurante. La distancia nunca fue un problema; al contrario, cada espacio terminó teniendo su propio momento dentro de la historia.

María Camila llegó divina, con unos labios rojos que decían desde el primer instante que ella no quería ser la típica novia. Daniel, con una chaqueta blanca, hacía lo propio. Desde su llegada era evidente que este no sería un matrimonio como todos.

Y entre los detalles que más nos enamoraron estuvo uno especialmente significativo: el bastón del abuelo de María Camila.

Lo ubicamos en una de las sillas de adelante, acompañado por el símbolo de su compañía en ese momento. Un pequeño gesto, pero lleno de significado. Una manera silenciosa de hacer presente a alguien importante y de llevar consigo parte de su historia en un día tan especial.

Terminada la ceremonia, todos nos dirigimos hacia la recepción, en un restaurante ubicado en el centro de la ciudad.

Desde la entrada, la experiencia comenzaba a sentirse diferente. Un camino de cilindros con velas recibía a los invitados y los conducía hacia una bienvenida muy especial: una pieza diseñada por Daniel que nos invitaba a adentrarnos en el salón.

El espacio tenía personalidad propia y decidimos respetarla. No queríamos llenar las mesas de elementos simplemente por decorar. Nuestra prioridad era otra: que las personas disfrutaran, conversaran, comieran, bailaran y vivieran el lugar.

Por eso aprovechamos cada rincón.

Las fotografías fueron parte importante de esa experiencia. El restaurante tenía espacios particulares, como esa luna suspendida que se convirtió en un escenario perfecto para algunas imágenes. También creamos otro pequeño rincón utilizando muebles propios del lugar y complementándolos con algunos elementos para construir una escena que parecía sacada de una editorial de Vanity Fair.

Y las fotos quedaron, sencillamente, divinas.

La comida siguió la misma filosofía de toda la celebración: relajada, cercana y muy de ellos, pero sin renunciar al sabor. Porque lo sencillo nunca tiene por qué ser aburrido.

Y, por supuesto, la fiesta tenía que tener salsa. Una orquesta en vivo acompañó la celebración con este ritmo que tanto les gusta, haciendo que la noche tomara su propio rumbo entre música, baile y mucha alegría.

Al final, este matrimonio fue exactamente lo que María Camila y Daniel querían: relajado, diferente y con muchísimo estilo.

Una celebración que no necesitó seguir las reglas de lo convencional para sentirse especial. Porque cuando una boda logra parecerse tanto a quienes la protagonizan, no necesita parecerse a ninguna otra.

 

 

Fernanda nova